Un nuevo año, un nuevo Ekozinemaldia, un nuevo repaso a la situación del Planeta, y comprobamos que la máquina sigue triturando sin cesar al ritmo de la disminución de muchos recursos y del consagrado crecimiento e incesante consumo. En los últimos días nos han llegado más evidencias del avance de la trituradora como el nuevo decreto de Bolsonaro para permitir la explotación de millones de hectáreas de la Amazonía o la posible intervención militar en Venezuela por acceder a sus recursos energéticos y minerales. También en Brasil este enero ocurría un nuevo desastre fruto de la minería irresponsable, del megalomanismo desarrollista que confía en la  infalibilidad de la ingeniería humana, y sobre todo de la codicia capitalista, con la rotura de los embalses de la minera Vale en Brumadinho. El año anterior nos dejó desastres similares en Laos, Kenia, Afganistán y Birmani. Mientras en Colombia, el proyecto de mayor represa del país, financiado por BBVA, Hidroituango, tiene a la población y al país en vilo, provocando desplazados y miseria, y a uno de los mayores ríos, el Cauca, al borde del desastre ambiental.

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A ello sumar otro fenómeno paralelo al avance extractivista como es la represión, que en los casos de mayor interés económico y menores garantías, se traduce en muertes de activistas que se oponen a esos proyectos. En 2018 se calculan fueron asesinadas 321 activistas de los cuales el 75% eran ambientales. A ellas y ellos nos centramos el año pasado, pero como decimos, la dinámica de muerte nos impide abandonar esa denuncia. A ello va unido también, la necesidad de muchas personas de abandonar su tierra bien por ser víctimas de esa represión o bien por perder su espacio y recursos como resultado del expansionismo extractivista.

El cambio climático es otro de los fenómenos de origen humano a que se enfrenta el Planeta. La lucha por revertirlo sufrió un nuevo revés recientemente cuando en la COP24 de Katowice los gobiernos allá reunidos rechazaron implementar normativas que aseguren una reducción d ellas emisiones. Nuevamente, la lógica crecentista capitalista y extractivista se imponía. Ese resultado es el que permite, que proyectos de un gran impacto en esa y otras materias, se sigan imponiendo aquí ahora también como la incineradora, el TAV o más carreteras como la SuperSur II.

Y sin embargo, en este panorama, miles de personas nos negamos a dar el brazo a torcer y seguimos dando la cara por el Planeta y la Vida. Y por muchas otras personas como nosotras que sufren en sus carnes el despojo y los efectos terribles del avance extractivista. En ese sentido, el Ekozinamaldia es una vez más un intento de traer esas situaciones y experiencias de muchos sitios, muchos lejanos, otros locales para conocerlos, para inspirarnos o para mostrar nuestra solidaridad.

Nuevamente muchos ejemplos, pero este año, dentro de ese escenario desolador que describíamos, traemos los resultados positivos de mucha gente que ha optado por organizarse y enfrentarse a la máquina. Sin duda lo conseguido en El Salvador de aprobar una ley que impida el desarrollo de la minería a gran escala es una gran conquista. Pero esta no hubiera tenido lugar si detrás no hubiera habido un gran movimiento social. Fue un movimiento liderado además por mujeres, que en muchas de las luchas son la voz más firme, y en esta edición tenemos la suerte de contar además con su presencia. Igualmente, en Noruega consiguieron gracias a la organización y a la desobediencia civil el detener el proyecto de Nordic Mining.

La sed de recursos arrastra a la máquina a hundir sus taladros en los enclaves más recónditos y pristinos. Estos logros nos recuerdan también a los recientemente conseguidos en Zilbeti (Nafarroa) o contra el proyecto de Sudmine en Kanbo (Iparralde). O contra el fracking. De hecho no es el único documental que presentamos este año que muestra una victoria popular: “Uraren aldeko gudariak” (Water Warriors) que muestra la campaña contra el fracking en New Brunswick (Canadá), la tierra del pueblo Mi’kmaq con quien vascos tuvieron tan estrecha relación en el XVI-XVII. Allá también la organización popular consiguió establecer una moratoria a esta agresiva forma esxtractiva.

A todas estas películas y realidades sumamos este  año dos producciones locales:
“Bolintxu, el ultimo valle” y “Aralar, mundua leku den lurra”. Esta última está producida además por los mismos activistas que organizan el Ekozinemaldia en Goierri. Si hablamos de la ofensiva mundial contra los últimos reductos ambientales, estas películas nos muestran este hecho en nuestro territorio: la expansión de pistas y carreteras, de industria y ganadería intensiva contra los ultimos enclaves naturales. De la misma forma que lo hace “Barbacana, la huella del lobo” al mostrarnos el efecto en especies que se consideran obstáculo a ese expansionismo.

Este año Ekozinemaldia hace un esfuerzo también para mostrar película en euskera y además de “Aralar, mundua leku den lurra” hemos traducido especialmente para la ocasión los documentales “Ekintzaile ilegala”, “Uraren aldeko gudariak” y el corto “Kapitalismoa kontu bat besterik ez da”.

“Argi ta garbi”, nuestro propio corto sobre exclusión energética

Pero sin duda, la sorpresa de este  Ekozinemaldia será la presentación de nuestro recientemente finalizado documental sobre exclusión energética, “Argi ta Garbi” (Mare Agora/Asier Abio) un corto de 11 minutos sobre el papel de las grandes energéticas en la exclusión energética aquí y en otros países donde se lucran. También está realizado en euskera.