Sí, en la mayoría de casos, las que no aceptamos este sistema política y económica, nos abrumados por la gran cantidad de problemas y situaciones que surgen. A menudo invertimos tiempo y energía para denunciar injusticias y construir alternativas sin obtener resultados. Muchas veces nos desesperamos, nos resignamos. Pero si te detienes a observar, hay suficientes ejemplos a nuestro alrededor a la inversa, de éxitos. O por lo menos así nos llega la primavera. Estos nos demuestran que hay que organizarse, pelear y trabajar. Muchos casos nos pasan desapercibidos, como nos ocurrió en el último Ekozinemaldia donde conocimos el caso de Nueva Brunswick (Canadá) donde la población local (incluido el pueblo mi’qmac) consiguieron la paralización y el establecimiento de una moratoria para el fracking (y un cambio en el gobierno local). O el caso maravilloso de El Salvador donde el pueblo movilizado obtuvo la primera ley en el mundo que prohíbe la minería Especialmente una activista de este movimiento, la sencilla pero grandísima Vidalina Morales nos recordó el poder que tenemos como personas cuando nos unimos. Estos ejemplos también nos recordaron de nuestros triunfos, porque también el movimiento popular detuvo aquí el fracking, o los recientes éxitos en la paralización de proyectos mineros Zilbeti (Nafarroa) o Sudmine (Iparralde).

En los últimos días, hemos conocido también las decisiones contra la planta de coque de Petronor y el contra la central térmica de Castejón de Elerebro , ambos abolidos por los tribunales. Por supuesto, la decisión llega demasiado tarde, en ambos casos cuando ambos proyectos están ya construidos y en operación, pero no sólo dan la razón a los colectivos y comunidades que se opusieron a ellos, sino también ante precedentes legales. Pero, sobre todo, lo que demuestran es que, con frecuencia, los reclamos sociales están bien fundamentados y que las instituciones anteponen los intereses privados a los sociales y ambientales, se saltan sus propias legislaciones y normas. Estas decisiones los deslegitiman, y fortalecen los movimientos. Ahora esperemos que sirvan para desmantelar esas infraestructuras impuestas y no deseadas.

Esta semana también hubo otros dos éxitos tanto en Ecuador como en Argentina (Wallmapu), ambos relacionados con la explotación petrolera y ambos con los pueblos indígenas y sus territorios como protagonistas. En el primer caso, los tribunales fallaron a favor de las comunidades huaoranis y en el segundo a favor de comunidades mapuches. Ambos casos se corresponden con la expansión de la frontera extractiva, porque el petróleo está disminuyendo y es tan esencial para las economías nacionales que se necesitan áreas nuevas de explotación, implicando también técnicas más drásticas y por tanto más peligrosas, y con ellas un incremento de impactos y amenazas. La expansión de la frontera extractiva implica la invasión de muchas áreas de la Amazonía que no habían sido explotadas hasta ahora, que no habían sido humanizadas o a las que han llegado a las sociedades capitalistas. Esto, sin duda, produce a un enorme daño en esos hábitats y a los pueblos que en ellos habitan.

El anterior gobierno de Ecuador (Rafael Correa) extendió la frontera extractiva, aunque anteriormente había criticado la dependencia económica de este recurso. No solo en la zona bajo protección del Amazonas, Yasuní, sino también con la XI Ronda Petrolera. Ahora Lenín Moreno, su sustituto, está en la misma línea, con la XII Ronda Petrolera que anunció el año pasado en la zona de Sucumbíos donde durante hace tantos años Texaco provocó el desastre ecológico que se conoció como el Chernobil Amazónico, o ahora anunciando 12 nuevos campos de explotación en el sur. Como en casos anteriores, su gobierno se ha saltado la protección de estas áreas, tanto para el medio ambiente como para los pueblos indígenas. Y como en muchos otros casos (podemos decir que casi todos), por encima de la voluntad de estas naciones y sin la facilitar consultas públicas. Estos mismos son los delitos contra la ley y contra la constitución que ahora han estimado los tribunales. Es bastante deleznable que el que incurra en estos crímenes sea el mismo gobierno, pero como decimos, estas formas están muy extendidas a nivel mundial y en el capitalismo, con algunas excepciones como las que nos ocupan. Por ello también el valor de esta decisión.

Como decimos, los éxitos no son tan frecuentes o cuando se dan luego no llegan a completarse del todo como ha sido el caso contra Chevron-Texaco, un símbolo de poder popular contra los grandes poderes económicos y políticos, y que 25 años sigue sin ser totalmente cumplido por las empresas o los gobiernos. Por lo tanto, en este caso y en todos los casos, no debemos abandonarlo y debemos mantenernos atentas. Es por eso que el día contra el Chevron de este año, el 21 de mayo, será una nueva oportunidad para exigir internacionalmente que las empresas respondan por sus crímenes.

En el caso de los mapuches, la explotación petrolera es uno de los muchos ataques que sufren en la Patagonia. Primero impulsada por Repsol, ahora por YPF. Pero la nacionalización de una empresa como ésta no significa que todos los ciudadanos de esta nación tengan garantizados los derechos, y el pueblo mapuche está obligado a denunciar constantemente los efectos que sufren. Esta vez también ha sido un resultado positivo porque los tribunales han reconocido los derechos territoriales de la familia afectada, algo que se viola continuamente.

De la misma forma, incluir el Premio Ambiental Goldman concedido al dirigente mapuche chileno en prisión Alberto Curamili, por su labor en defensa de los ríos y bosques. Esperamos que esto sirva para liberarlo del encarcelamiento y detener la represión contra este pueblo y la ofensiva contra sus hábitats y recursos. Esperamos que le sirva más que a la premiada el año pasado la afrocolombiana Francia Márquez que sufrió ayer un intento de asesinato con granadas en el que fueron heridas otras dos personas.

Junto con esto, esta semana también celebramos decisiones positivas relacionadas con el medio ambiente, en Estados Unidos, un lugar en que desde la llegada de Trump es muy difícil celebrar nada. El primero es el dictamen contra la explotación petrolera en el Ártico, ratificando así la decisión de la anterior legislatura y que ahora se quería saltar el inversor y amigo de los petroleros Donald Trump. En el segundo, los tribunales fallaron que Yellowstone es más valiosa que la destructiva minería de oro que se extiende por todo Latinoamérica como un cáncer. La pena es que no haya instituciones, legislaciones ni decisiones así en el resto del mundo, exceptuando El Salvador, para parar a estas mineras ecocidas y genocidas.