Brasil cuenta con cerca de 9.400 empresas mineras, de las que el 57% son micro, 30% pequeñas; 11% medianas y el 2% grandes empresas.

Brasil alberga el 8,3% de las reservas de hierro del mundo. Es un mineral de hierro de los más puros (60%), ya que éste siempre se encuentra junto a con otros elementos químicos. Brasil es el segundo mayor productor de mineral de hierro del mundo, por detrás de China.1

Las exportaciones de hierro de Brasil en 2019 contabilizaron por 9.9% del total de las exportaciones brasileñas, por un monto de 22.18 mil millones de dólares, creciendo un 9,7% con respecto a 2018. El principal destino de estas exportaciones es China.

Dentro del extractivismo brasileño, el hierro se situa por detrás de la soja y del petróleo2. De la soja ya conocemos su expansión por estados como Matto Grosso (del sur y del norte) y también su responsabilidad en la deforestación y en los últimos incendios de la Amazonía. Actualmente es el segundo productor mundial, y exporta por valor de 26.000 millones de dólares. Brasil tiene también bastante petróleo, sin haberse iniciado todavía la extracción de su gran yacimiento del PreSal. Exporta el 64% a China y el 13% a Estados Unidos.

Dentro de esas exportaciones, y en especial de las de hierro, el estado de Minas Gerais ocupa una posición relevante En el año 2017, participó en un 10,1% de las exportaciones totales del país y su tasa de apertura fue del 5,6%, frente al 4,9% en 2016 (la tasa de apertura de la economía brasileña fue del 18,2% en 2017 y del 18,7% en 2016).

Impulsadas por la mejora de los precios internacionales del mineral de hierro, las exportaciones del estado fueron de 25.349 millones de dólares, creciendo un 15,6% en 2017 con un superávit de 18.000 millones de dólares (datos del Ministerio de Industria, Comercio Exterior y Servicios de Brasil (MDIC)). El mineral de hierro supuso el 32,6% del total de las exportaciones de Minas Gerais, y el café el 13,5%. Destacan también el mineral ferroniobio (se añade al acero para aumentar su resistencia y ductilidad), que representó un 5,2% del total, el azúcar de caña (4,7%), la soja (3,9%) y el oro (3,2%).

El principal clientea nivel regional también es China, que en 2017 adquirió el 28,8% de todo lo que Minas Gerais exportó, siendo cerca del 80% hierro.

Según el Instituto Brasileño de Minería (IBRAM) Minas Gerais extrae más de 160 millones de toneladas al año de mineral de hierro3. Esa producción del estado de Minas Gerais contabiliza como más de la mitad de la exportación de minerales total de Brasil (exportaciones de Brasil 38.689 millones de dólares (2013) y exportaciones de Minas Gerais 19.373 millones de dólares ) (la mitad del hierro exportado, y un 42% del oro).

En este análisis debemos realizar la siguiente reflexión: pese a desastres de tal embergadura como el de Mariana y Brumadinho y su consecuente afección a la producción, la extracción minera en Minas Gerais, y por lo tanto también en Brasil, no sólo no se ha visto afectada sino que además creció en 2019, un 11% (según el IBRAM).4

La ironía, es que Minas Gerais es el estado que más aporta al estado brasileño en regalías correspondientes a minería o CFM (Compensación Financiera por la Exploración de Recursos Minerales)5. Aporta un equivalente a la mitad de todos los ingresos nacionales, encontrándose tanto Mariana como Brumadinho entre las mayores, Mariana en 3ª lugar con 30 millones de euros y Brumadinho en 6ª con 16,58 millones de euros (otras son Congonhas 14,5 millones, Ouro Preto con 8,74, Barão de Cocais con 5,12).

Lo que tenemos es una economía altamente dependiente de recursos mineros, el extractivismo, que prioriza estos por su aporte a la economía, por delante de los impactos ambientales, y como en este caso, de las mismas personas. Desde 2008, año de inicio de la crisis internacional, despuntan en la economía internacional las conocidas como economías emergentes, entre las que se incluye Brasil, y que por sus siglas se vinieron a conocer como BRICS6. En ese momento. Surge como una euforia en el mismo Brasil por acceder a cotas de riqueza y modernidad mayores, que obviamente se basan en el extractivismo. También, debido al carácter del partido entones en el poder, el PT (Partidos dos Trabalhadores), estas ansias se unen a un deseo de satisfacer muchas de las necesidades básicas de la ciudadanía brasileña (acceso a agua potable, eelectricidad, educación, salud, etc), para lo que se precisaba capital.

En parte si se consiguió, por ejemplo que las empresas contribuyeran más, o más por los recursos extraídos en el país, pero la redistribución de la riqueza no fue prioridad, y para financiar esas mejoras si se optó por incidir en el extractivismo, y con ello, en impactos ambientales y sociales. Está claro, que sin ser este accidente un deseo expreso de esos gobiernos, si se corresponde con unas políticas en las que extracción de recursos y su exportación han primado sobre todo lo demás, y con ellos un culto al crecimiento, a objetivos mayores de producción, a posiciones en el ranking internacional, que conlleva el mero hecho de, de repente, pese a las grandes desigualdades sociales del país, encontrarse convertido en una potencia. Esto además es extrapolable a las propias empresas nacionales y estatales, imbuidas de los mismos valores que caracterizan a las transnacionales de otros países, en Brasil y otros sitios, y que proyectan los mismos comportamientos.

En ese sentido, la Vale, una empresa brasileña, protagoniza los peores acontecimientos vividos en Brasil y también el mayor número de víctimas, o incluso a nivel internacional. Pero lo que le sigue (la forma en que trata a las víctimas, la reiteración de despropósitos, su irresponsablidad social y laboral, etc) todavía la pone en peor lugar.

En su caso contribuye mucho el que todo esto sucediera, el ser nacional, y antes, el haber sido estatal (privatizada en 1997), por la importancia que tiene para la economía nacional y la condescendencia para con ella de las instituciones. Lo cual nos lleva a que ni una empresa puede crecer tan poderosa, ni una estado o una economía puede depender tanto de un rubro ni de una empresa.

Por otro lado, nos encontramos también en un caso clásico de neoliberalismo bien entendido (sobre todo por las empresas) en la que ésta (empresa) es de propiedad privada y así son sus acciones y sus ganancias, mientras los gastos y daños son socializados o asumidos por el gobierno (público) y las comunidades y el medio ambiente. En el caso de Brumadinho el gobierno también se desentendió de la responsabilidad de asistir a la población afectada (a excepción de la encomiable labor de los bomberos) y ésta fue asumida principalmente por la población y las organizaciones sociales como el MAB. Pero como hemos visto, en un año la empresa culpable de la desgracia no contribuyó en nada.

 

2les sigue la celulosa (en Minas Gerais también se extienden las plantaciones de eucalipto), y el máiz, siendo el café el décimo

6BRICS: de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica